Concédenos a todos nosotros un amor dulce, un amor fuerte, un amor sabio para vivir gozosamente nuestra Profesión Dominicana.
Concédenos el agrado de contemplarte en la oración para poderte donar a cualquiera que encontremos en cualquier lugar donde estemos, en cualquier lugar donde trabajemos. Haz de nosotros siervos luminosos de tu Verdad, instrumentos comunicativos de tu Amor, testimonios fieles de tu Iglesia.
Concédenos vivir en comunión de amor contigo de obrar en comunión de amor entre nosotros en la unidad de nuestro carisma dominicano. Te rogamos, Señor, concedas a frailes, monjas, religiosas, seglares y jóvenes de nuestros grupos la gracia de la Predicación y de un servicio santificante, la gracia de la contemplación constante y del apostolado gozoso, la gracia de un corazón sin fronteras lleno de amor, la gracia de vivir con espíritu dominicano el testimonio en el mundo.
Haz de nosotros una sola Familia Dominicana: en Ti y por Ti, Señor, en tu siervo y en nuestro Padre, Santo Domingo de Guzmán. Amén.
Padre Domingo, Santo de Dios, hombre evangélico de oración y apostolado.
Ayúdame a seguir a Cristo contigo desde el camino de la pobreza y de la fraternidad.
Enséñame a vivir el Evangelio íntegro para ser testigo de otra verdad y otra esperanza.
Que tu vida me estimule, que mi entrega ilumine mi oración y mi estudio para que, como tú, sienta la urgencia de transmitir a los demás lo que contemplo y lo que vivo en Dios.
Quiero aprender de ti a ser: dócil al Espíritu,
confiado en la providencia del Padre del cielo,
constante en la oración,
convincente por mi estilo de vida,
generoso para servir,
valiente para emprender,
en la alegría agradecido,
en el dolor esperanzado,
en el cansancio fuerte,
en el convivir sincero.
Padre Domingo, hombre de Dios,
ayúdame a vivir la medida del amor,
ayúdame a dar la respuesta viva a la incesante llamada de Jesús. Amén.
Dios omnipotente,
Tú eres un Dios de la Verdad.
Tú conoces nuestros pensamientos y deseos.
Tú sabes cuándo y por qué nos reunimos.
Reconocemos que toda sabiduría y prudencia proceden de Ti como de su fuente,
y deben conducir a Ti como a su fin. En tu Providencia tan divina como insondable,
te has manifestado a través de Jesús,
maestro y modelo de todos. Infúndenos tu Espíritu con sus múltiples dones,
un Espíritu de sabiduría y prudencia, de escucha y servicio,
de discernimiento y consejo, de humildad y de fortaleza.
Haznos a modo de Domingo de Guzmán,
y de tantos como nos han precedido en este camino,
dóciles y abiertos en la escucha y el diálogo,
esperanzados y optimistas al emprender y programar,
justos y audaces en cumplir y animar.
Ilumina nuestra visión sobre el mundo de hoy,
que sepamos asumir sus retos conforme a nuestras prioridades y fronteras,
compartir con solidaridad lo que hemos recibido,
y ser testigos ante el mundo de nuestra vocación.
Y tú, Virgen María,
ayúdanos en nuestras decisiones, para el bien de todos los hombres y para gloria de tu Hijo Jesús. Amén.
Hoy no somos nosotros
los que alzamos la voz
para defender al hombre
No somos aquellos,
intrépidos profetas de larga itinerancia,
que sembraron justicia.
Y estando llamados a ser Luz,
caminamos como sombras en la noche de los tiempos.
Padre, no hemos vendido como tú,
nuestras pieles muertas para engendrar vida.
Ni contemplamos, como tú,
la Encarnación del Verbo
y la Pasión de Cristo,
urgiendo siempre
a la Misericordia.
Estamos hinchados de luces y de glorias pasadas.
Hemos empobrecido tu obra. Por eso, Padre Domingo,
¡Perdónanos!
Ma. Teresa Sancho Dominica S. F.
A ti Madre nos acercamos con confianza.
En ti, que has creído en las palabras mandadas desde el cielo y las has llevado en tu corazón, nos refugiamos la Familia Dominicana.
En ti se ha hecho carne la Palabra de la que participamos, que contemplamos y que alabamos, que predicamos y por la que vivimos.
Bajo tu amparo, hoy de nuevo, nos consagramos al ministerio de la Palabra encarnada y nos consagramos también a ti,
para que escuchando, como tú,
interiormente la Palabra y siendo ungidos por el Espíritu,
del que tú fuiste sagrario, nos dediquemos incansablemente a la predicación del nombre de tu Hijo por el mundo.
Tú, iluminada desde tu interior, has conocido el misterio de la Palabra.
Haz que por ti podamos nosotros percibir ahora su presencia en la historia de nuestro tiempo para que lleguemos a contemplarla cara a cara en el cielo.
A través de ti el Padre envió a su Hijo al mundo para salvarlo;
que por ti podamos ser testigos ante los hombres de la verdad que hace libres y del amor que reúne.
Te pedimos que tú, madre nuestra, aumentes nuestras fuerzas y conserves el carisma de nuestra
Familia Dominicana, de modo que todo lo realicemos para la salvación del mundo y alabanza y gloria de Dios Padre. Amén.
Actas Cap. Gen. O.P. 1974; LHOP, p.1857
Dame, Señor y Dios mío, que no decaiga, ni en la prosperidad ni en la adversidad;
que no me ensoberbezca en alguna cosa,
ni me deprima en otra; de nada goce o me duela sino en lo que me lleve a ti o me separe de ti.
A nadie desee agradar, ni a nadie tema disgustar, sino a ti.
Sea para mí despreciable todo lo pasajero,
y sea para mí querido todo lo tuyo.
Que me hastíe el gozo de lo que sea sin ti,
que no desee nada que esté fuera de ti.
Que me deleite el trabajo hecho por ti,
que me sea penoso todo descanso que sea sin ti.
Concédeme, Señor, dirigir constantemente el corazón hacia ti,
y que en mis fallos sepa dolerme con el propósito de la enmienda.
Hazme, Señor y Dios mío,
obediente sin contradecir,
pobre sin ser miserable,
casto sin depravación,
paciente sin murmuración.
Humilde sin ficción,
alegre sin disolución,
triste sin abatimiento,
maduro sin pesadez,
ágil sin ligereza,
temeroso sin desesperación.
Que sea sincero sin hipocresía,
que haga el bien sin ser presuntuoso,
que corrija al prójimo sin arrogancia,
que lo edifique con la palabra y el ejemplo.
Concédeme, Señor, un corazón: vigilante, que ninguna curiosidad lo aparte de ti,
noble, que ninguna influencia indigna lo envilezca,
recto, que ninguna intención siniestra lo desvíe,
firme, que ninguna tribulación lo debilite,
libre, que ningún afecto violento lo reclame.
Concédeme, Señor Dios mío, inteligencia que te conozca,
diligencia que te busque,
sabiduría que te encuentre,
conducta que te agrade,
perseverancia que te espere confiada y confianza de que un día al final te abrazaré.
Concédeme soportar ya aquí tus castigos como penitencia,
servirme de tus beneficios por tu gracia,
y gozar de tu gozo en la patria para tu gloria.
Tú que vives y reinas y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.
Santo Tomás de Aquino
Gran sermón fue tu palabra y aún mayor lo fue tu vida.
Tú que eres antorcha viva del Evangelio y señal clara de oración,
haz que tus hijos continuemos en esa Misión afrontando las injusticias y siendo predicadores de salvación.
Que con las rosas del Rosario, gloria y fruto de la Pasión suscitemos vida, misericordia y compasión.
Tú que eres Pregonero de la Verdad, mantén viva nuestra esperanza y envíanos como testigos de justicia y redención.
Amén.
(Pedro Casaldáliga)
Creador inefable,
que de los tesoros de tu sabiduría formaste tres jerarquías de ángeles y con maravilloso orden las colocaste sobre el cielo empíreo,
y distribuiste las partes del universo con suma elegancia.
Tú que eres la verdadera fuente de luz y sabiduría, y el soberano principio,
dígnate infundir sobre las tinieblas de nuestro entendimiento un rayo de tu claridad, apartando de nosotros la doble oscuridad en que hemos nacido:
el pecado y la ignorancia. Danos agudeza para entender, capacidad para retener,
método y facilidad para aprender, sutileza para interpretar,
y gracia copiosa para hablar. Danos acierto al empezar,
dirección al progresar y perfección al acabar.
Amén.
Santo Tomás de Aquino
SANTO DOMINGO,
padre y fundador nuestro,
hombre del Evangelio,
de oración y apostolado.
Mira a tu familia
que es llamada a seguirte
consagrada a Cristo,
en pobreza y fraternidad.
Te aclamamos tus hijos,
por ser tú nuestra esperanza
y te damos gracias
por hacernos herederos
de tu vida y misión.
Inspíranos a vivir
un Evangelio integral,
como respuesta a un mundo
que busca y nos reta;
y así, padre,
tu ejemplo nos estimule,
y la Verdad nos ilumine
en el estudio y la oración;
y ambos nos urjan
a transmitir a los demás
lo que contemplamos y vivimos.
Haznos, padre, como tú:
confiados en la Providencia,
dóciles al Espíritu,
constantes en contemplar,
convincentes en predicar,
prudentes al enseñar,
generosos en servir,
valientes en emprender;
en la alegría agradecidos,
en el dolor esperanzados,
en el cansancio perseverantes,
en el convivir sinceros.
Concédenos, Santo Domingo,
vocaciones nuevas,
que continúen tu obra de la "Sagrada Predicación",
hablando con Dios o de Dios.
Para que, así, padre,
se cumpla lo que tú mismo prometiste,
en honor a la Verdad,
Jesucristo, el Señor. AMEN.