A través de los siglos este carisma, don del espíritu, recibido por Domingo, no se ha agotado en el paso del tiempo, sino que ha sido enriquecido por los hombres y mujeres excepcionales. Es así como el Padre Cueto y la Madre Pilar fueron suscitados por el Espíritu para fundar la congregación de las “Dominicas Misioneras de la Sagrada Familia”, en el año 1895 en las Islas Canarias, como respuesta imperiosa a la urgencia de aquel lugar y aquella época: la promoción de la mujer y de la juventud.

La intuición del Padre Cueto y de la Madre Pilar, hecha realidad en su tiempo y continuada y extendida a lo largo de los años, ofrece también hoy, un camino válido y eficaz en la tarea educativa de nuestros Centros, si en ellos se promueve la dignidad de la persona, como hijo de Dios, y se tiene en cuenta las características y exigencias de la sociedad en que se vive, para transformarla con la fuerza de la Verdad y del Amor.

De esta forma respondemos a unos de los derechos inalienables de la persona: La educación, porque los hombres, mucho más conscientes de su propia dignidad y deber, desean participar cada vez más activamente es la vida social y sobre todo económicamente y política. (Const. Nº 46)

“Nuestra Congregación, en su aporte a la Iglesia, asume con gozo la educación como forma específica para llenar al hombre y la mujer del Espíritu de Cristo y contribuir a la educación de un mundo más humano y más justo” (Const. Nº 47).

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